InterOcio 2026 me dejó una de esas sensaciones que cuesta explicar sin sonar demasiado emocionado: fui a jugar, mirar mesas y cotillear novedades, pero volví sobre todo con la sensación de haber estado rodeado de buen rollo.
Lo mejor no fueron solo los juegos
Sí, había partidas. Sí, había editoriales, demos, mesas y ese peligro constante de ver una caja y pensar “esta también me cabe en casa” aunque sea mentira. Pero lo que más se queda es el ambiente. Gente explicando con ganas, jugadores compartiendo mesa y una energía muy bonita de comunidad.
Un evento para dejarse llevar
InterOcio funciona cuando vas sin querer controlarlo todo. Te sientas aquí, pruebas aquello, charlas con alguien, descubres un juego que no tenías fichado y de repente han pasado dos horas. Ese es el tipo de caos sano que busco en una feria.
El buen rollo como motor
Hay eventos donde todo parece escaparate. En InterOcio 2026 sentí más mesa que vitrina. Más ganas de jugar que de posar. Y eso se agradece muchísimo, porque al final este hobby va de personas sentadas alrededor de una idea compartida.
Por qué repetiría
Porque salí con ganas de jugar más. Y ese es el mejor resumen posible. Si un evento consigue que vuelvas a casa cansado, contento y con la cabeza llena de partidas pendientes, algo ha hecho muy bien.
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