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¿Cuándo empezaron a durar casi cuatro horas las películas? Así ha cambiado el cine de superhéroes

Cómo ha cambiado la duración de las películas de superhéroes: de Superman a Avengers Doomsday

Hubo un tiempo en el que ir al cine era muy diferente a como lo vivimos hoy. Entrabas en la sala, disfrutabas de una aventura de poco más de dos horas y salías con la sensación de haber vivido una historia completa. No hacían falta veinte películas anteriores para entenderla, ni una escena poscréditos que te dejara pensando en lo que vendría dentro de tres años.

Hoy el panorama es muy distinto.

La reciente filtración que apunta a que Avengers: Doomsday podría alcanzar los 225 minutos de duración, rozando las cuatro horas, ha reabierto un debate que lleva tiempo sobre la mesa. ¿De verdad hemos llegado a un punto en el que una película de casi cuatro horas nos parece algo normal?

Quizá la respuesta sea más sencilla de lo que parece.

Cuando dos horas eran una gran aventura

Si pensamos en algunas de las películas que marcaron a toda una generación, sus duraciones hoy parecen casi modestas.

La primera Superman de Christopher Reeve, estrenada en 1978, duraba unos 143 minutos. Para la época era una superproducción ambiciosa, pero nunca daba la sensación de alargarse más de la cuenta. Presentaba al héroe, construía su mundo y cerraba una historia redonda.

Años después llegó otra trilogía que definió el cine de superhéroes moderno: la de Sam Raimi.

  • Spider-Man (2002): 121 minutos.
  • Spider-Man 2 (2004): 127 minutos.
  • Spider-Man 3 (2007): 139 minutos.

Incluso la tercera entrega, que intentaba abarcar demasiadas historias y personajes, apenas superaba las dos horas y cuarto.

Hoy esas cifras parecen casi… cortas.

Entonces llegó Marvel

En 2008 nadie imaginaba lo que supondría el estreno de Iron Man.

Lo que comenzó como una película independiente acabó convirtiéndose en el mayor universo cinematográfico jamás creado. Marvel no solo cambió la forma de hacer cine de superhéroes; cambió la forma de consumirlo.

Cada película dejó de ser una historia aislada para convertirse en una pieza de un enorme puzle.

Había que presentar nuevos héroes.

Desarrollar personajes.

Conectar películas.

Preparar la siguiente fase.

Introducir escenas poscréditos.

Plantar semillas para historias que tardarían años en llegar.

Y todo eso necesitaba tiempo.

Mucho tiempo.

De películas… a auténticos eventos

Con Captain America: Civil War empezó a quedar claro que las reglas estaban cambiando.

Después llegaron Avengers: Infinity War y Avengers: Endgame, demostrando que el público estaba dispuesto a sentarse durante más de tres horas si la recompensa era suficiente.

Aquello que antes parecía una excepción terminó convirtiéndose en una nueva norma.

Ya no íbamos simplemente a ver una película.

Íbamos a vivir un acontecimiento.

Y cuando juntas en una misma pantalla a Iron Man, Capitán América, Thor, Hulk, Doctor Strange, Spider-Man, Guardianes de la Galaxia y decenas de personajes más… las dos horas empiezan a quedarse pequeñas.

También nosotros hemos cambiado

No todo es culpa de Hollywood.

Nuestra forma de consumir contenido ya no es la misma.

Hace veinte años una película de tres horas imponía respeto.

Hoy somos capaces de ver una temporada completa de una serie durante un fin de semana sin apenas darnos cuenta.

Las plataformas de streaming nos han acostumbrado a historias más largas, más pausadas y mucho más interconectadas.

Quizá por eso una película de tres horas ya no nos resulta tan exagerada.

¿Y ahora qué?

Las próximas fases de Marvel representan uno de los mayores desafíos de la compañía.

La llegada de Los Cuatro Fantásticos, el esperado regreso de los X-Men, el nuevo Doctor Doom y la reconstrucción de los Vengadores apuntan a un universo todavía más grande.

Más personajes.

Más tramas.

Más conexiones.

Y probablemente…

Películas todavía más largas.

Si el rumor termina confirmándose y Avengers: Doomsday acaba acercándose a las cuatro horas, estaremos ante una duración que hace apenas una década habría parecido imposible para una superproducción comercial.

Pero quizá ya no nos sorprenda tanto.

¿Hemos ganado o hemos perdido?

A veces echo de menos aquella sensación de entrar al cine sin necesidad de hacer los deberes.

Disfrutar de una historia que empezaba y terminaba esa misma tarde.

Salir del cine con la sensación de haber vivido una aventura completa.

Pero también sería injusto no reconocer todo lo que hemos ganado.

Nunca antes habíamos visto universos tan ambiciosos, historias conectadas durante más de una década y personajes que evolucionan a lo largo de decenas de películas y series.

Es otra forma de entender el cine.

Ni mejor ni peor.

Simplemente diferente.

Mi reflexión

No creo que una película sea mejor por durar cuatro horas.

Tampoco creo que una película de noventa minutos sea peor por ser más corta.

Al final, la duración nunca debería ser el objetivo.

Lo importante es que cada minuto tenga sentido.

Si Avengers: Doomsday termina durando 225 minutos y consigue que salgamos del cine pensando que el tiempo ha pasado volando, entonces habrá merecido la pena.

Porque, al final, no recordamos cuánto duró una película… recordamos cómo nos hizo sentir.

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