MALIN:EL REY CAÍDO

Comparte!
0
(0)

El joven hombre se encontraba pensativo dentro de la tienda del rey mientras afilaba su espada con una piedra esperando el alba para empezar la batalla, contra una horda orca, la cual quemaba y saqueaba los campos y pueblos que se encontraban a su paso.

Malin era un hombre del Norte, del pueblo Orn (Águila). Estos hombres y mujeres suelen ser de tez blanca, piel curtida debido a las condiciones climáticas, poco vello en su piel, temerarios, valientes y más diestros en habilidades manuales que en cultivos, excelentes exploradores y navegantes. Con su cuerpo adornado de tatuajes religiosos, en su mayoría, Malin era de estatura corta, ancho de caderas, barba pronunciada y cerrada, con su pecho descubierto el cual adornaba con dos escudos del Dios de la Guerra.

Sonaron los cuernos de guerra como de un estruendo infernal se tratase, Malin se levantó rápidamente enfundando la espada y colgándose el escudo redondo. Al salir de la tienda, el cielo rojizo avisaba de sangre en la tierra, el ambiente era espeso, ya que el viento trae el helor orco y toda su destrucción. Mientras, el guerrero desfilaba entre las tropas, los demás hermanos se deshacían en gritos de ánimo e invocaban a sus dioses para que les dieran fuerza.

Montó su caballo junto al rey de Orn, Los dos cabalgaron juntos con una centena de hombres al campo de batalla entre el río de Troen y las montañas de Filoen Al llegar al rÍo se encontraron una cuadrilla muy numerosa de orcos bien armados; el jinete miró al rey esperando su orden y, con un ademán de cabeza, le autorizó al ataque. Los guerreros formaron a la orden de Malin, los arqueros se situaron a la espalda de la infantería lanzando rápidamente una y otra vez flechas sin control mientras que los orcos empezaron a correr hacia los hombres del norte con gritos y gruñidos como si fuesen animales.

Las flechas empezaron a insertarse en el pecho, extremidades y cabezas de esas bestias infernales, las bajas orcas subían como la espuma del mar pero sin parecer importarles ya que ninguno  hizo el amago de retroceder. Los guerreros de Orn salieron corriendo al choque con Malin a la cabeza, las primeras líneas orcas y humanas chocaron tal como violentamente el mar contra las rocas en una noche de invierno, la sangre salpicaba por el aire como de lluvia fuese, el suelo se teñía de rojo y negro por la sangre de ambas razas.

Malin con movimientos ágiles se desliza entre los orcos y a su paso van cayendo los miembros desmembrados de los orcos, el guerrero alzo la mirada y observo como sus hombres caían sin cesar a los pies de esas bestias, el rey de Orn montado en su caballo se ve rodeado de media decena de orcos, Malin salió corriendo como alma  que lleva el diablo hacia su rey, pero al intentar esquivar un ataque desde su derecha tropezó con el cuerpo sin vida de un hombre del norte. Al intentar levantarse noto una fuerte punzada en su pierna izquierda, tenia incrustada un trozo de armadura de su compañero caído, la sangre y barro del campo de batalla que corría por su frente nublaba sus ojos al mirar como su rey era abatido por esos animales.

El valiente hombre del norte sintió como una mano áspera y fría lo abrazaba del antebrazo y lo levantaba de ese barrizal, era Turi “El Carnicero” uno de sus escuderos de arma de mas confianza, los dos guerreros siguieron insertando su acero como de truenos lanzados por sus mismos dioses fuesen hasta abrir un hueco y salir del centro de la batalla.

 

Turi entrelazo los dedos de sus manos, Malin apoyó su pie izquierdo en ellas y con un impulso fuerte fue alzado hasta verlo el general que controlaba a los arqueros humanos y poder realizar un gesto para que empezasen a lanzar sus flechas de nuevo, el general miro a los ojos al guerrero y fue como una despedida dolorosa ya que sabia que muchos de sus hombres caerían incluido los dos grandes guerreros que dieron la orden, al empezar la lluvia de flechas Turi fue alcanzado en un brazo y al caer se cubrió con el cuerpo sin vida y destripado de un orco, por su parte Malin comenzó a atacar sin piedad a los orcos que esta vez si retrocedía a la lluvia de flechas humanas, los hombres del norte unos se cubrían con sus escudos de madera de roble donde se insertaban las flechas, otros se cubrían con los cuerpos de los caídos de ambos bandos, pero Malin no, él no podía borrar de su mente como vio caer a su rey y como se sentía culpable de su muerte y de no poder evitarla, el joven guerrero  buscaba su muerte también para reunirse con el y sus dioses pero sus dioses no lo habían marcado en esa batalla.

Los pocos orcos huían despavoridos y sin organización ninguna, la misma como la que comenzaron esta batalla horrible, Malin se desplomo exhausto hincando una de sus rodillas en el barro y hundiéndose en el, su pelo húmedo y sucio cubría sus ojos, el sudor se mezclaba con la sangre y barro por todo su cuerpo, su pierna sangraba levemente ya que la suciedad del campo de batalla había taponado la herida producida por el metal de la armadura, giro la cabeza atrás y de esa centena de hombres quedaron una docena de guerreros de infantería y una veintena de arqueros, los hombres gritaban y alababan a sus generales por hacer huir a la horda orca, pero Malin sabia que había sido un día triste, ya que muchos buenos hombres que luchaban por sus casa y familias habían caído incluido su rey a la cabeza, ¿cuantas viudas y huérfanos de padre quedarían?.

Esa misma noche en la ciudad Orn se hizo un funeral al Rey Olan “ojos de dragón” caído en la batalla, se preparó un gran banquete alrededor del altar de base de madera y paja, donde situaron al monarca tumbándolo con sus mejores pieles y con su armadura reluciente, cruzándole los brazos en el pecho y situando su espada entre sus brazos y su escudo sobre ellos. Mientras los hombres celebraban comiendo, bebiendo cantando la victoria de ese mismo día, el cuerpo del rey ardía.

Malin miraba desolado y cabizbajo el cuerpo en llamas de su rey mientras sus compañeros de armas jaleaban dulces melodías en su honor, mientras bebían y bailaban, el joven guerrero no podía quitarse de su cabeza la perdida de su rey, ya que era la única motivación que tenia en vida después de la perdida de su hija y mujer a manos de esas bestias.

El guerrero empezó a recordar como una mañana salio con una vida que nunca volvería a tener, marcho de caza  a la mañana, notando el rocío en su frondosa barba, a unas leguas le esperaban varios vecinos de su aldea para poder atrapar unos corzos y asarlos al anochecer todos juntos en mitad de la aldea como cada noche, pero esa noche seria terrorífica al llegar.

En su regreso los hombres cabalgaban con una conversación distendida y con tranquilidad, tranquilidad que abandono sus almas al ver de lejos arder las casas donde se encontraban sus familias, cabalgaron como si no hubiese un mañana, al acercarse al pueblo el olor a madera y carne quemada era irrespirable, los ojos de los guerreros se humedecían temiéndose lo peor, sus mujeres, padres e hijos no se veían, y se sentía un pueblo donde la desgracia había caído, Malin salto de su caballo y empezó a correr hacia su casa, el humo era denso y no le dejaba ver, pero sus miedos le empujaban cada vez mas dentro de su casa, no quería mirar pero vio los cuerpos sin vida y calcinados de su familia, en ese preciso instante también se calcino su corazón, su alma y cualquier sentimiento agradable que pueda sentir un ser humano, salio de su casa sin decir palabra, miro a su alrededor y vio como esos hombres que eran duros como piedras en un momento se convirtieron frágiles como el cristal. El joven empezó a caminar con serenidad hasta llegar a su caballo el cual estaba aun sin aliento, monto en el y juro en voz alta que mataría todo orco que estuviese al alcance de su espada.

En ese mismo instante Turi le paso el brazo por encima de los hombros rodeándome el cuello y arrimando su boca a la oreja de Malin, despierta hermano, hay que celebrarlo. Pero Malin despertó de su pesadilla, no de un sueño y se puso de pie, miró fijamente a Turi y ambos guerreros sintieron una despedida que ninguno quería, pero que Malin necesitaba, ya que la única motivación que había encontrado se la volvieron arrebatar esas bestias infernales.

 

Al alba, con el cantar de los pájaros, el joven cabalgaba lentamente por el camino que se alejaba de la ciudad amurallada, sin querer mirar atrás ya que no quería despedirse de esa ciudad donde un dia encontró a un hombre que le devolvió un aliento de humanidad y por dichas del destino otra vez esos demonios se la arrebataron, el sabia que tendría difícil encontrar de nuevo una motivación para vivir como le dio su rey, pero lo que si sabia que si la tenia que encontrar era siguiendo ese camino lejos de la ciudad y que le acompañaría a partir de ahora un destino incierto.

¿Te ha gustado la entrada?

¡Haz clic en una estrella para puntuar!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Comparte!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *