Los años 80 estuvieron bien. Pero los años 90 también.

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Como dijo Don Quijote de la Mancha, “Dad créditos a las obras y no a las palabras”. Una vez citada la gran obra de Cervantes todo irá cuesta abajo pues mi propósito no es otro que dar virtudes a una década denostada y viviente de la sobras de los años 80. Una época con grandes películas, pero que, por lo que sea, a la gente le gusta más los años ochenta. La laca hizo mucho daño, las hombreras ni te digo y los cardados hicieron daño a más de un calvo que sobrevivía gracias a su bigotazo.

En los años 90 vinieron otras modas y otros estilismos en los que no pienso entrar, pues este post no trata de ello, sino de cine. Yo, seguiré con mi batalla de alzar la bandera de los indeseados, de los marginales. Si queréis acompañarme en este camino, os invito a que alcéis vuestra espada, arco, pistola, lo que gustéis, pero ¡alzad algo!.

Aprendimos que hacer las cosas con toda nuestra buena intención no tiene por qué salvarte la vida y más si jodes a Marsellus Wallace, también que una hamburguesa con queso del McDonalds en Francia se llama Royal con queso -los franceses siempre a su bola-. En Pulp Fiction aprendimos muchas cosas, pero sobretodo conocimos a Quentin Tarantino a lo grande.

Supimos cómo escaparnos de la cárcel y fugarnos a Zihuatanejo no antes sin pasarlas canutas en una cárcel de Estados Unidos. La verdad es que si está Morgan Freeman narrando tu aventura todo suena mucho mejor a pesar de tener Cadena Perpetua.

Los años 90 tienen algo de especial. En los años 80 seguro que había películas críticas con la sociedad, pero no te viene ninguna a la cabeza verdad? Claro. En aquellos años había dos compinches un tal Reagan y una tal Thatcher alias “La Dama de Hierro” que se dedicaron a destrozar el Estado de Bienestar tanto en EEUU y Gran Bretaña. “Miro a mi alrededor y sólo veo caras nuevas […]veo mucho potencial, pero está desperdiado, toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo exclavos oficinistas la publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.” Seguro que os suena este speech de Tyler Durden en “El Club de la Lucha”.

Y si no os suena ese, quizás sepáis cual es este: «Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?»

Esta turra está patrocinada por las altas tierras de Escocia saliendo de las vivencias de Renton. Para más información mejor ver “Trainspotting”

Ambas películas son adaptaciones de libros escritos por Chuck Palhniuk e Irvine Welsh, respectivamente. Los parecidos con la realidad son meramente coincidencias.

Dada la nota social en este post podemos seguir con esta presentación de películas que nos llevan a la historia de los Estados Unidos a través de Forest Gump -estuvo en todas-. A un repaso bélico de la Segunda Guerra Mundial en ambos frentes (Salvar al Soldado Ryan y La Delgada Línea Roja) conocimos los campos de concentración gracias a La vida es Bella o La Lista de Schindler. Gritamos ser el rey del mundo y aún seguimos diciendo que tanto Rose como Jack cabían en esa tabla. Quisimos ser paleontólogos conocimos a Will Hunting, gritamos libertad, entrevistamos a un vampiro, nos quedamos sólos en casa y menos mal que nunca hemos tenido que gritar “Jumanji” salvo en rebajas.

Y así un sinfín de películas de los años 90, pero la mayoría de vosotros elegísteis la otra pastilla y pensáis que la época dorada del cine fue en los 80. Sí, efectivamente, en 1999 se estrenó Matrix.

Ninguna época es mejor o peor pues todas tienen su momento, el problema es el presente, que vanagloria unas décadas por encima de otras. ¿Por qué? Pues no lo sé, pero haz como Truman y sal a descubrirlo.

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