El jugador anacrónico

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Reza el mantra que cualquier tiempo pasado fue mejor, a lo cual añado que aquello toma más verdad (a nivel personal)  mientras más edad vamos cumpliendo.

Estoy seguro de que aquellos de nosotros que ya peinamos canas (o que ya no tengan nada que peinar, según el caso) recodará con cariño y nostalgia sus primeros pasos en el mundo de los videojuegos. En mi caso deberíamos retrotraernos a un MSX con casete externo en el cual cargaba el fantástico Space Invaders.  El tiempo pasaba y los saltos generacionales se iban produciendo conforme el dinero (y las buenas notas) lo permitían, llegando así el Spectrum, la Atari, la Megadrive, el Megacd y posteriormente el primer pc, un todoterreno 486dx4 a 100mhz al que le saqué partido durante muchísimos años. Con el final de la vida útil de aquel pc, llegaron los años donde uno empieza a tomar otras responsabilidades en cuanto a estudios se refiere, la vida social cobra un peso cada vez mayor y el mundo de los videojuegos va copando un lugar cada vez menor en nuestro tiempo. El pc (un Pentium mmx en aquellos años) comenzaba a ser principalmente una herramienta de trabajo (gracias a Dios por la Encarta) y el juego se resumía al Pc Futbol de turno.

Llegaron los primeros trabajos y los primeros sueldos y, cómo no, el gusanillo de los videojuegos seguía ahí aunque en menor medida que en años posteriores. Fui adquiriendo alguna consola (siempre de generaciones anteriores) para aprovechar el tiempo libre que tenía y por mis manos pasaron la Nintendo 64, la Dreamcast y la Xbox original (no, nunca tuve una “play”) y por último una Xbox 360 slim que compré de segunda mano y que usé de manera esporádica hasta finales del año pasado. No quiero que piensen ustedes que les cuento mi currículo videojueguil por aburrimiento, si no para que entiendan que nunca dejé de jugar a pesar del poco tiempo o de que los años fueran pasando si bien nunca estuve “a la última” en cuanto a videojuegos de última generación se refiere. Esto cambió en las pasadas navidades cuando decidí dar el salto a la generación actual y adquirí una One S. Aquí empezó lo que he dado en llamar el Síndrome del jugador anacrónico.

¿Cómo explicar qué es ese síndrome inventado y cómo me sentí? Pongamos un claro ejemplo: Con la adquisición de la nueva consola me di cuenta de que todo lo que yo conocía en el mundo del entretenimiento había cambiado considerablemente en los últimos años. Los juegos pesaban tres veces más que los de generaciones anteriores y todos requerían ser instalados en el disco duro, casi todo el juego se centraba en el Multijugador, bien en modo competitivo o cooperativo (cabe decir que nunca había sido amigo del juego online y en la 360 tan solo una vez lo probé con no muy buenos resultados), las tiendas online presentaban catálogos enormes donde poder adquirir cualquier juego casi al instante, etc. Primer día con la nueva consola y ya me sentía perdido; mal empezábamos. Es decir, sabía que me gustaban los videojuegos, pero no tenía tan claro si los modernos lo harían tanto. No me rendí, sabía que tenía entre mis manos una máquina potente y quería sacarle partido, así que aproveché la oferta por nuevo usuario y me saqué el Ultimate Pass por seis meses (ya podéis imaginar mi cara al ver que existía algo así) y tras instalarme los clásicos que ya conocía (Perfect Dark, saga Halo o Gears entre otros), decidí probar algunas de las novedades de las que tanto había oído hablar. El elegido fue Destiny 2.

No empezaba mal la cosa. Nunca había probado un juego exclusivamente online multijugador, pero el tutorial me estaba gustando. Se manejaba bien, los gráficos me gustaban y me sentía cómodo al control… hasta que finalicé el tutorial. De buenas a primeras me encuentro en una especie de enorme torre donde confluyen cientos de jugadores de todo el mundo y donde se supone que puedo personalizar a mi jugador y escoger la siguiente misión, pero no puedo evitar que una sensación de descontrol y de pérdida se sobreponga a la experiencia de juego. Un servidor, acostumbrado a los shooters clásicos lineales y por niveles, no pudo evitar querer buscar la primera misión, y digo primera en la mayor extensión de la palabra, es decirl el nivel uno, tal y como era en los dooms y halos de turno. No sabía por dónde empezar, qué armas eran las mejores (qué tiempos aquellos donde las mejores armas salían en el juego cuando avanzabas niveles) ni qué misiones serían adecuadas a mi nivel; por no hablar de entender qué era aquello de “mi luz” o términos similares del juego. No obstante, logré comenzar a jugar y encontré una misión que realizar. Me desesperaba un poco que tardara tanto en cargar, luego entendí que el juego estaba buscando jugadores en tiempo real para la misión, pero por fin comenzó. Los otros dos 11personajes que estaban a mi lado volaban sobre el terreno de juego, yo a duras penas los podía seguir y disparar al mismo tiempo y mucho menos que con la precisión con la que ellos lo hacían. Era frustrante, se movían mejor, disparaban mejor, hacían más daño y por ende, mataban más enemigos que yo. Pero hete aquí que a pesar de todo aquello, el gusanillo (ese que a pesar de los años seguía ahí) comenzó a crecer. Me sentía perdido, sí, pero a la vez me sentía desafiado, retado a volver a dominar un entorno que ahora me era hostil, pero donde años antes me sentía cómodo (siempre fui jugador de shooters). Así repetí la misión y luego otra y otra y aunque seguía sintiéndome un poco perdido en el juego y un poco manco (todo hay que decirlo), le pillé el gusto a esa nueva experiencia y le eché varias horas al juego: acabé misiones, mejoré puntuaciones y fui aprendiendo como mejorar al personaje y subir de nivel el equipo. En definitiva, disfruté la experiencia.

A estas alturas puede que muchos os preguntéis el porqué de esta parrafada, pero lo que quiero decir se puede resumir de manera muy breve: no hay edad para los videojuegos.

Quizás no nos hayamos parado a pensarlo, pero esta generación cuarentona actual es única en su relación con el mundo del videojuego, puesto que hemos ido cumpliendo años a la vez. Allá cuando nosotros (los de nuestra generación) nacimos, también lo hacía, o lo acababa de hacer, la industria del videojuego. Seguramente muchos recordaremos las frases manidas de nuestros padres tipo “te vas a quedar tonto con tanto comecocos” o “ya no tienes edad para matar marcianitos”, y es que realmente se pensaba que aquello era un entretenimiento para niños y que llegados a cierta edad ya no se podía disfrutar de los videojuegos. Nada que ver con la realidad, como el tiempo se ha encargado de demostrar. Nosotros hemos crecido y la industria del videojuego también, madurando y mejorando con los años como el buen vino, teniendo uno de sus principales nichos de clientes y usuarios precisamente en los jugadores veteranos que crecieron junto a ella. Unos jugadores que recuerdan con cariño aquellos primeros juegos donde todo era novedad y donde nos sentíamos los reyes jugando en la soledad de nuestra casa y que por eso tiende a volver a los clásicos (no hay más que ver el auge del juego retro y la cantidad de remakes que salen al mercado) pero que no por ello se priva de seguir disfrutando de lo nuevo y que se va adaptando a la evolución del mercado. Quizás alguno, como yo, aún se sienta un poco perdido (obviamente eso no es culpa del mercado, sino mía por el tiempo de desconexión) pero estoy seguro de que este gusanillo no depende de la edad y que querer es poder, porque si algo tengo claro, es que jugar no tiene edad y siempre se puede sacar tiempo para disfrutar de nuestro juego favorito, ya sea retro o actual. ¡Saludos de un jugador anacrónico!23

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