La Ciudad de los Cátaros

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En la región francesa de Languedoc, a poco más de una hora en tren desde Toulouse, se encuentra una ciudad denominada por Google como «Comuna» y que fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. Dado que estaba pasando unos días en Toulouse con mi esposa, no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar Carcasona, uno de los mayores reclamos turísticos de la región.

La mejor manera de desplazarse hacia allí es en tren utilizando el servicio Intercités, los media distancia franceses. El viaje dura apenas una hora y hace parada en la Gare de Carcassonne, en la rivera del Canal du Midi. Ocurrió que había una obra enorme en el parking que existe justo frente a la estación, con calles cortadas y caminos de tierra abiertos expresamente para que los peatones pudieran circular. El GPS nos llevó hacia la oficina de turismo a través de la Rue Georges Clemenceau, una calle llena de tiendas y cafeterías que adornan la travesía con un maravilloso olor a pan.

En la oficina de turismo nos atendieron en nuestro idioma, y lo primero que nos preguntaron fue si íbamos a visitar la ciudadela medieval, no en vano, es la principal atracción de Carcassonne. A dicha ubicación se podía llegar paseando por cualquiera de las dos rutas que nos recomendaron: Una más recta pero que nos hacía darle la vuelta y entrar por la Porte Narbonnaisse, situada al este, y otra que serpenteaba por la ladera hasta llegar a la entrada oeste, llamada Porte de l’Aule. Elegimos la primera.

Nuestro camino nos llevó por el Pont Vieux, que cruza el Rio Aude. Un buen lugar para hacer fotos y desde el cual puede empezar a verse una bonita cuesta arriba al término de la cual se asienta la ciudadela. Recuerdo que no me atreví a sacar el móvil para hacer fotos por si se me escurría de las manos. Seguimos subiendo por la Rue Trivalle, donde nos encontramos con varias cafeterías y restaurantes. Un rato más tarde arrivamos a la ciudadela con varias visitas en mente:

– Châte au Comtal: Donde se rodó la película de 1991 Robin Hood, el Príncipe de los Ladrones, protagonizada por Kevin Costner y con el magnífico Alan Rickman en el papel del sheriff de Nottingham.

– Basilique Saint-Nazaire:  Iglesia que mezcla los estilos gótico y románico y que fue considerada como la catedral de la ciudad hasta principios del siglo XIX.

– Las murallas: Al haber sido una ciudad fronteriza durante la mayor parte de su historia, fueron destruidas y reconstruidas múltiples veces por romanos, visigodos, árabes, francos y cátaros.

– Musée de L’inquisition: Un pequeño museo en el que se muestran diferentes artilugios usados por aquella organización.

La visita comenzó con un paseo por las murallas del castillo, al menos por las zonas por las que se podía transitar, pues había un tramo que se encontraba cerrado al público. Se podía disfrutar de unas bonitas vistas de la ciudad moderna, y en determinados puntos había que tener cuidado para no salir volando por culpa del helado vendaval. El museo sobre las torturas de la Inquisición solicitaba una suma absurda como entrada, lo que hizo que perdiéramos el interés; mientras que el Château Comtal se encontraba cerrado.  El castillo sí se encontraba abierto, de modo que pudimos visitarlo con tranquilidad. En la tienda de regalos, por cierto, vendían el juego de mesa homónimo. Cuando terminamos esa visita, fuimos a la iglesia, en cuyo interior puede encontrarse una estatua esculpida en honor a Juana de Arco, así como la lápida de Simón de Montfort, el conde de Tolosa que se unió a la Cuarta Cruzada.

Después paseamos por las preciosas calles empedradas de la ciudad hasta una zona en la que se hallaban varios restaurantes,

Lamento decir que no recuerdo el nombre del establecimiento donde comimos, pero sí puedo decir que se ubicaba en un edificio antiguo de dos plantas en el que las mesas se apelotonaban para aprovechar el escaso espacio disponible. Ya que estábamos allí y hacía muchas horas que habíamos desayunado un frugal croissant, decidimos probar el plato típico de la zona, la Cassoulet. Es este un plato consistente en un guiso de alubias que puede estar acompañado por diversos embutidos y carnes variadas, como costillar de cerdo, salchichas de Toulouse o carne de pato. Diré que estaba muy bueno, que llenaba muchísimo, que recuerdo haber pensado que era una comida perfecta para un muy frío día de invierno… pero sobre todo, que deberían ofrecer un digestivo gratuito para después

En la sobremesa optamos por bajar el guiso con otro paseo, esta vez saliendo de la fortaleza por la Porte de l’Aule. El camino en zigzag se hizo mucho más llevadero, quizá porque era cuesta abajo, y ofrecía múltiples oportunidades para hacer fotografías. Seguimos por la margen del río hacia la Square Gambetta, donde se halla el Musée des Beaux-Arts, una visita muy recomendable. Como curiosidad, quiero destacar que, nada más traspasar la entrada el hombre que atendía en el mostrador de información se dirigió a nosotros diciendo «Españoles, ¿verdad?».

Después, para hacer tiempo hasta la hora de salida del tren de regreso a Toulouse, paramos en una cafetería llamada Méery Cake, en la que podían verse multitud de pasteles de pasteles y cupcakes abarrotando el mostrador. Recuerdo que había, además, muchísima porcelana. El ambiente era bastante acogedor y los camareros muy agradables. Sin embargo, la penúltima etapa, la visita a la Eglise Saint-Vincent, fue todo lo contrario. Había una torre del campanario a la que se podía subir por unos escalones de aspecto más que inseguros, y desde la cual podía verse toda la ciudad, pero lo peor fue que sentimos muchísimo frío de repente, hasta tal punto que la idea de salir de allí lo más rápido posible se convirtió en una de las mejores que tuvimos en todo el día.

Desde ese lugar nos encaminamos nuevamente a la estación de ferrocarriles para volver a Toulouse y terminar la excursión. Y por supuesto, ya que iba a Carcassonne, tenía que hacer una foto como esta.

 

Serie Carcassonne III.

 

 

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