Redescubriendo Heroquest

— ¿Esto era así?
—No, al revés.
— ¿Seguro?
—Qué sí, ¿no ves que de otra manera no encaja?
—Encajar no encaja casi nada, están todas las esquinas doblabas.
— ¿Y qué quieres? Si el juego tiene más de veinte años. Y deja de mover la cabeza de la gárgola que la vas a romper —esto lo dice siempre, invariablemente, el dueño del juego, que teme por la integridad de la figura más representativa de todas.

Frases como las anteriores, cuando no esas mismas, son las que pude escuchar recientemente cuando unos amigos y un servidor, nos dispusimos a echar la tarde jugando a Heroquest. Después de quitar el polvo, que ejercía de involuntario guardián del juego tras años de descansar en un trastero, nos dispusimos a montar cuantos muebles y figuras veíamos aparecer ante nuestros ojos. Aquella fase de montaje me retrotrajo, cual magdalena de Proust, a mis años como infante cuando los reyes magos me trajeron por primera vez aquel juego. Ese tiempo de montar el escenario y escoger el personaje que más nos gustaba, era sin duda el momento que más disfrutaba cuando era niño. Lo era, entre otras cosas, porque en aquel entonces, a mis escasos nueve años, no tenía ni idea de cómo jugar a Heroquest. En lugar de ponernos a leer las tediosas instrucciones, mi hermano y yo nos limitábamos a jugar con las figuras por el tablero e inventarnos nuestras propias reglas de juego, y aunque parezca mentira, lo disfrutábamos de lo lindo. Poco sabíamos entonces ni yo, ni aquellos que jugaban conmigo, acerca de juegos de miniaturas o rol, pues no fue hasta pocos años después, ya entrada en la adolescencia, que esos términos comenzaron a sonar familiares.
Y es que creo firmemente que Heroquest llegó a España demasiado pronto, al menos en cuanto a un servidor se refiere y es que a finales de los años 80 y principios de los 90 —el juego se estrenó en el 89—, poco o nada se sabía por estos lares de juegos de similares características. Lo habitual era pasar las tardes jugando al parchís, la oca, o si eras un afortunado, al spectrum zx del vecino —yo tenía un MSX y encontrar juegos era una odisea.
Pero Heroquest llegó cuando llegó, y a pesar de que no era un juego pensado especialmente para los niños españoles de la época —esto es opinión meramente personal—, lo que teníamos ante nuestros ojos era tan novedoso, tan espectacular y tan potente visualmente, que incluso sin pararnos a leer aquellas engorrosas instrucciones —siempre desde el punto de vista de un niño de 9 años—, nos pasábamos las tardes montando y desmontando y peleándonos por quien sería en esta ocasión el bárbaro, pues era el favorito de todos cuantos nos juntábamos alrededor del tablero.

Para ser justos y honestos, he de decir que redescubrir el juego tantos años después, me ha permitido hacerle justicia de manera personal. Es evidente que una vez aprendes a jugar, y ya con la experiencia de los años en este tipo de juegos, le sacas mucho más partido que el que unos niños, con toda la ilusión del mundo pero sin conocimiento, podían sacarle en su época. Ya no importa quién es el bárbaro, el mago, el enano o el elfo, pues todos tienen sus puntos débiles y fuertes, ahora es divertido ser director de partida, cuando antaño, apenas sabíamos para que servía aquella cartulina que se ponía de pie y llamada pantalla para el master y por supuesto, ahora, sabes apreciar mejor un libro de reglas y un buen libro de retos. Una pena no haber sabido sacarle partido a este juego en su momento —juego, por otra parte nada complicado, dicho sea de paso—, pero dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Vaya desde aquí, mi humilde aplauso y homenaje para un adelantado a su época: Heroquest.

Latest posts by @William_rilley (see all)

1+
Share this...
Email this to someone
email
Tweet about this on Twitter
Twitter

Noticias

  • 100
    Hello Ociofrikers! Hace apenas unos días os traje una reseña sobre un proyecto en Verkami, La Luna Negra y la creación de Selento Books como editorial. Al estar fuera del mundo rolero habían cosas que se me escapaban, así que hemos pensado que la mejor forma de aclarar esas dudas…
    Tags: de, que, y, a

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*