El vicio de ser máster (o director de juego)

No falla; Conforme paso las páginas de un libro, juego a un videojuego, o salgo del cine de ver una peli, mi mente empieza a pensar en las posibilidades de trasladar lo que acabo de ver o leer a la mesa de juego. Y si lo pienso detenidamente, seguramente hay pocas cosas a las que dedique tanto tiempo como a preparar partidas, aunque sea solamente en mi cabeza.

Por lo general, cuando hablamos de juegos de rol, distinguimos entre jugadores y narradores/directores de juego/dungeon masters (lo dejaré en “máster”). En la mesa, durante el transcurso de la partida, son dos figuras diferentes (con la excepción de aquellos sistemas que plantean una narración o dirección compartida, o incluso sin máster). Pero si nos vamos al mundo real, nos leemos en redes sociales o compartimos una charla en unas jornadas, veremos que también ahí es habitual distinguir entre ambos y que hay mucha gente que se considera sólo jugador y gente que habitualmente es máster.
Debo confesar que en mi grupo no es así. Y aunque lo habitual es que, al principio, siempre sea uno el que empieza siendo el máster del grupo, con el tiempo el resto de los jugadores van buscando su momento e incluso, a veces, su juego.
Pero aún así, a pesar de que en muchos grupos (sobre todo en grupos grandes) haya varias personas que se alternen en ser máster, es habitual que haya roleros que son más de dirigir (o narrar, que no pretendo imponer hoy un término) que de jugar (y me refiero a interpretar PJs).

Total, que a donde yo quería llegar es que en el fondo uno sabe si tiene alma de máster. Lo sabe cuando está hojeando un manual y empieza a imaginar una trama. Lo sabe cuando viendo una peli ve a uno de los personajes como un posible PNJ. Lo sabe cuando viendo un paisaje, se imagina al grupo recorriendo un escenario parecido. Lo sabe cuando en su cabeza, al final, hay más proyectos de partidas que tiempo para, ya no jugarlas, sino prepararlas.
Cada uno en este sentido tiene su método. Habrá quien apunte en un cuaderno ideas, habrá quien simplemente divague sobre ellas durante un tiempo hasta que la siguiente idea desplace a la anterior… Pero el caso es que siempre tienes ganas de organizar una partida nueva. Y no porque la que esté en curso (ya sea una campaña o un módulo de varias sesiones) no esté teniendo éxito. Sino porque… porque… porque el vicio de ser máster es así. Siempre quieres más.

En mi caso, de nuevo, comienzo tratando de contenerme (y lo hago durante todo el tiempo que puedo) hasta que finalmente acabo desbordado de ideas y, sobre todo, de ganas de dirigir juegos.
Actualmente dirijo una campaña de El Resurgir del Dragón con más de un año en curso y ocho jugadores permanentes. Es una ambientación que se adapta perfectamente a lo que quiero jugar en Dungeons and Dragons por defecto, ya que cabe todo cuanto necesito de magia, espadas y dragones.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que Mutant Year Zero pasara por mis manos y empezara a pensar en una pequeña campaña (siempre me engaño con este concepto de “pequeña campaña” / “aventura larga”) con los jugadores recorriendo escenarios post-apocalípticos, ciudades abandonadas tomadas por la vegetación salvaje, bestias mutantes, y toda una trama sobre descubrir la verdad sobre… Bueno, no cuento más que no voy a destripar la idea.
Apenas unos meses después, el poderoso diseño de portada de Peacemaker hizo que empezara a fantasear con tipos con gastados guardapolvos, barba mal afeitada y una colt peacemaker colgada de la cintura. El western es uno de mis géneros favoritos y de nuevo empecé a organizar un módulo cortito, que luego podría desembocar en una serie de aventuras, situadas en un pequeño pueblo llamado Clarinda situado en el condado de page, Iowa… Afortunadamente, mi “hambre” de western quedó saciada al tener la oportunidad de preparar una aventura one-shot para la Noche Insomne, en la que además trabajé con algún amigo en el diseño de la aventura y de los personajes.
Recientemente, por mi cumpleaños, un buen amigo me regaló el manual de The Witcher. Aquí debo reconocer que nunca me había atrevido a pensar en una partida ambientada en los libros de Sapkowski. El motivo principal es… que la saga de “El Brujo” es mi saga favorita de fantasía, y le tengo mucho respeto. Pero leer el manual, a pesar de estar basado en los videojuegos más que en los libros, hizo que en mi cabeza se empezarán a formar ideas de aventuras que encajarían mejor en esta ambientación oscura que en el Voldor de El Resurgir del Dragón (de hecho, tengo por ahí el borrador de una partida alternativa que pensé para ERDD que encajará mejor en The Witcher).

Como siempre que me siento a escribir, podría seguir contando ejemplos durante páginas y páginas… pero sólo serviría para insistir en la idea. Estoy convencido que estas navidades saldré de ver el final de la saga Star Wars con ganas de dirigirlo de nuevo (ya me pasó con El Resurgir de la Fuerza, por cierto). Y estos días sobre mi mesa tengo la 4ª Edición de Warhammer Fantasy Roleplay y muchas ganas de juntar a un grupo de aventureros del Imperio, recorriendo sus peligrosas rutas y enfrentándose al mal que acecha entre sus bosques. Tampoco tengo dudas de que la (im)posible aparición de una nueva edición de Dark Sun me haría rápidamente fantasear con una campaña en los desolados desiertos de Athas.

En definitiva; Cuando uno tiene alma de máster, no puede parar de pensar en nuevas partidas, en nuevos personajes, en nuevos giros en la trama de la campaña en curso. Es un vicio. Un vicio sano. El vicio de ser máster.
¿Y a vosotros? ¿También os pasa?

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    Tags: de, que, a, y, juego, juegos, rol

1 Comentario

  1. Hola, hola!! Me alegra ver que no soy la única a la que le pasan esas cosas XD. Esto de los juegos de rol es un vicio, tanto si eres jugador como máster. La verdad que «El resurgir del dragón» me llama la atención, de hecho me compré hace poco los dados de los peregrinos porque me gustaron mucho. Algún día creo que le daré una oportunidad, pero primero quiero que mis jugadores crezcan, que de momento son novatos XD. Un abrazo, buena entrada!

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