El Límite de Roche

Actualmente, la hipótesis más aceptada relativa a la formación de la Luna, nuestra compañera espacial, fuente de miles de poemas románticos a lo largo de la historia y, en definitiva, un pedrusco enorme suspendido en el espacio, es la denominada «Teoría del Gran Impacto». Según esta formulación, la Luna, y la Tierra que actualmente habitamos, existen gracias a una gigantesca colisión entre planetas que se produjo hace unos 4600 millones de años.

En un momento determinado durante la fase final de formación de los planetas según la teoría de la acrecencia un planetésimo del tamaño de Marte debió impactar contra la Tierra primitiva arrancándole la capa superficial, donde se encontraban los materiales de densidad más baja. La mayor parte de estos escombros quedaron orbitando alrededor de la Nueva Tierra a una distancia suficiente como para no volver a precipitarse hacia la misma (lo que se conoce muy básicamente como Límite de Roche) y formando un disco de acreción. Al sobrepasar el Límite de Roche de la Tierra, los escombros comenzaron a reunirse por efecto de la gravedad, hasta integrar el cuerpo lunar.


Al principio la Luna se encontraba a unos 21000 kilómetros de la Tierra, y su fuerza de gravedad provocaba fuertes convulsiones en la corteza terrestre resquebrajándola, separándola y creando verdaderos mares de lava. En aquel mar primitivo las olas eran gigantescas, y las mareas muchísimo más elevadas que las actuales. Contemplada desde nuestro planeta, la Luna tendría un tamaño 15 veces superior al del actual, siendo una visión verdaderamente espectacular y aterradora.

En aquella época la rotación de ambos cuerpos era mucho más acelerada, y los días duraban apenas 6 horas. Fue precisamente esa velocidad de rotación y el continuo ir y venir de las mareas lo que provocó un rápido alejamiento de la Luna. Este hecho contribuyó, sin embargo, a la desaceleración rotatoria de la pareja. Sin embargo, aunque la Luna dista actualmente unos 384.000 kilómetros de media, se encuentra lo suficientemente cerca para que su rotación sea sincrónica a la de la Tierra, por eso siempre nos muestra la misma cara.

Lo cierto es que la vida terrestre tiene mucho que agradecerle a la Luna. Nuestro satélite natural es lo que mantiene estable el eje de rotación de la Tierra entre 21.5º y 24.5º y permitiendo una estabilidad climática relativa a lo largo de estos 4600 millones de años. Si no fuera así, es muy posible que la Tierra se fuera bamboleando en su rotación con unas variaciones en su eje entre 0º y 90º. Pensad en que, en un día cualquiera de vuestra niñez, dejáis caer una pelota de goma por una pendiente. En el prácticamente imposible supuesto de que siempre se desplazara por un terreno liso sin interactuar con nada más, continuaría girando eternamente sobre su primer eje de rotación. Pero lo habitual en una pendiente (al igual que en el espacio), es que se encuentre con alguna irregularidad del terreno o alguna piedrita que la haga desviarse y altere su rotación hasta que vuelva a tropezarse y cambie de nuevo, sin nada ni nadie que la estabilice.

Pensad que el desierto del Sahara se formó a partir de un vergel sólo por el cambio del eje de rotación terrestre en un único grado. Con el paso de las eras habría tantos cambios climáticos y se sucederían tan rápidos que sería extremadamente complicado el desarrollo de una vida mucho más compleja que la de las bacterias.

Así, desde ese tiempo tan remoto, los dos astros están inmersos en un baile cósmico gracias al cual existimos nosotros. Al principio era caótico y apasionado, pero con el tiempo se fue estabilizando, permitiendo el desarrollo de la vida en la Tierra y sobre todo, su mantenimiento. De modo y manera que somos el fruto de la rotación y la traslación de dos rocas suspendidas en el universo, todo porque después de un choque de canicas espaciales que ocurrió por casualidad, un montón de escombros salió despedido a la distancia suficiente como para formar un cuerpo nuevo, y con ello un sistema planetario nuevo.

Y ahora pregunto: ¿Quién ha adivinado que el tema de fondo de este artículo son las relaciones de pareja?

¡Feliz día de San Valentín a todos!

 

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Teleoperador de profesión, jurista y escritor de vocación, pero lector, softófilo, cineseriéfilo y jugador de mesa por afición. La vida con Meeples es más divertida.

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